*Colaboradora del Área de “Fe, Articulación Ecuménica y Sociedad” 
del Centro “Oscar Arnulfo Romero”, Cuba.
(250 pp/ 11 fotos)
 
El horizonte puede tener muchas líneas, tonos y  formas de reflejarse ante los ojos de quien lo mira. El de estas mujeres del  Distrito 3 de Chuquisaca, Sucre, Bolivia se plasma en las líneas que dibujan sobre las telas, se tiñe de los colores que sus dedos son capaces de esparcir cuidadosamente sobre los paños blancos, toma la forma de tapices, manteles y pañuelos,  mantos diversos que las ayudarán a arropar a sus crías y a mantener a buen recaudo sus anhelos de sobrepasar cada día otra línea: la línea de la pobreza.
 
Desafiando las piedras de todo tipo  e impulsadas por la fe en el Buen Vivir, se encuentran en una comunidad cuyo nombre recuerda algo esencial de lo humano que no debe perderse. Ese nombre, como otro horizonte, las acerca  y reúne junto a otras muchas personas que llegan a compartir su experiencia, siendo acogidas por sus hijas e hijos, junto con ellas. 
 
Así en las tardes “La misericordia” tiende el saber como la mesa. Y se hace viva  la comunión al compartir las jícaras con guisos de los granos que parió  la Pachamama, su Madre Tierra.
 
“Queremos capacitarnos en lo que nos ayude a las mujeres a hacer algo para salir adelante…” – dicen, con sencillez abierta, convencidas. Con la seguridad de quien ya sabe muchas cosas.
 
Y mientras se cuece y se pinta se comparten la risa y la esperanza.
 
Todo se aprende, sí, pero se aprende haciendo.
Se aprende con los ojos en las manos.
 
En camino .......
 
Los más pequeños llegan primero .......
 
Se arriba con esperanza ........
 
Para no morir solo de pan .........
 
Se juntan todas las manos ..........
 
Apostando por los nuevos matices .........
 
Y esa otra línea de color ..........
 
Para hacer nacer las flores ...........

“Con los ojos en las manos”