Camilo Torres: Fe y Política al servicio del pueblo. Luis Carlos Marrero

Camilo Torres: fe y política al servicio del pueblo

Luis Carlos Marrero

En la Historia de la Iglesia o en las “historias de las iglesias”, encontramos la participación de obispos, pastoras/es y líderes en los procesos sociales y políticos de sus países. En las ceremonias públicas de todo el continente latinoamericano, se destacaban las autoridades políticas, militares y religiosas. Incluso en los golpes militares que han sufrido nuestros países, obispos y generales, así como pastores evangélicos, han estado juntos en las tribunas. Los dictadores tomaban posesión con la Biblia en las manos, y a los presidentes electos, en comicios no siempre muy limpios, les gusta tener un culto de acción de gracias el día de su posesión.

En las constituciones modernas y en el ideal republicano se define que la sociedad como tal es laica y que religión y política deben mantenerse separadas e independientes. En la práctica, sin embargo, es rarísimo el país en que esta separación entre la realidad social y política y la autoridad religiosa se respete y se mantenga. La Iglesia Católica defendió en el Concilio Vaticano II “la autonomía del orden temporal” (Constitución Pastoral Gaudium et Spes), pero en la práctica, el Vaticano se considera no sólo la sede de coordinación de una Iglesia, sino como un Estado soberano y, al mismo tiempo, insiste en Concordatos y documentos que mezclan la relación entre Estados con cuestiones religiosas y, algunas veces, pretenden incluso asegurar derechos especiales a la jerarquía eclesial.

Al contrario de esta visión de la fe comprendida como poder y acceso a privilegios, en América Latina, desde el siglo pasado, se ha ido desarrollando otro modelo de inserción en la fe, orientado como servicio profético al pueblo. Este servicio no ocurre apenas en el plano religioso, menos aun específicamente confesional, y sí a nivel de lo que es humano y social. En varios de nuestros países han surgido personas y movimientos cristianos populares que han unido fe y política de un modo nuevo. Sin pretender dirigir el proceso social, ni mucho menos sacralizarlo, los grupos cristianos procuran reflexionar sobre su vocación política y su función propia dentro de los procesos sociales existentes en el continente.

Un caso paradigmático –entre otras/os- lo constituye la figura del sacerdote colombiano Camilo Torres. Como cristiano, sociólogo y revolucionario, supo replantear la necesidad indisoluble de vivir su compromiso de fe y su opción política encarnándose en el pueblo oprimido, denunciando no solo los males del sistema dictatorial colombiano, sino también convocando a la Iglesia a una verdadera metanoia[1].

El 26 Agosto de 1965, en su conocido Mensaje a los Cristianos, exhortaba a los mismos a que “…la Revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos sino para la mayoría de nuestros prójimos. Por eso la Revolución no solamente es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos…”

Camilo Torres responde a una necesidad ya planteada hace muchos años por hombres y mujeres de fe que siguiendo los pasos de Jesús,  han comprendido que fe y política no pueden ir por separado. La fe tiene que ver con Dios y su revelación, está dentro de la sociedad y es uno de los factores creadores de opinión y de decisión y se materializa sobre dos ejes, el eje de la religión y el eje de la política.

La cristiana y el cristiano es miembro de un pueblo y de una comunidad. Es ciudadana/o cualificada/o por la fe y por la militancia. Iluminada/o por su fe puede y debe hacer política, pero, entre otras cosas, en una política orientada hacia las/os pequeñas/os del reino, emancipatoria y participativa pues constituye una praxis que se aproximan al proyecto de Dios de justicia y libertad, por lo tanto, fe y política es el desafío constante en la formación de un sujeto en clave de “fraternidad política” para los espacios partidarios políticos que han invitado a construir una política con P mayúscula, significando una búsqueda del bien común como afirma el politólogo argentino Diego Ramos

Es necesario entonces, como lo hizo Camilo Torres, a través de su amor eficaz,  recuperar la fraternidad como categoría política. No podemos negar que el concepto de fraternidad tiene poderosas raíces cristianas, y su raíz profunda en ella, impide (aun en la actualidad) ser reconocida, muchas veces, en la dimensión política; es decir, que a partir de un tipo fraternidad concebida solo con actitudes solidarias no se puede hacer política. La historia de la fraternidad nos dice que su reconocimiento dentro de la dimensión política no resultó nada sencillo en el proceso revolucionario francés por esta raíz cristiana de fondo. La fraternidad tuvo su tiempo, su proceso, su lucha y su conquista. Buscó ser política y de este modo (en la revolución política francesa) la fraternidad entró para ser parte de los principios revolucionarios: libertad, igualdad y fraternidad. 

Si bien es cierto que la política es liberadora por sí misma, que tiene su pretensión de bondad y de justicia, no es menos cierto que se requiere de hombres y mujeres que piensen y busquen experiencias liberadoras en una praxis de militancia política, movidos finalmente desde la fe.

Existen experiencias (y no es un dato menor) que desde las comunidades de base bajo una teología liberadora o bajo la enseñanza social de la iglesia,  se encuentran cristianas/os con estas fuertes intuiciones liberadoras, pero aquí cabe la pregunta ¿Qué lugar tienen  nuestras prácticas fraternas en la política? ¿Es posible tener, sostener, pensar una fe liberadora sin una práctica política epocal, contextual, liberadora? ¿Qué lugar le corresponde al cristiano en la construcción política  y cuál debe ser la actitud política ante lo cristiano?... Son interrogantes que debemos seguir trabajando.

Pensar en la práctica política es pensar en el contexto, en la cotidianeidad llena de complejidades y de miserias, de decisiones y definiciones, de construcción y de empoderamiento de poder popular en clave de democracia participativa.  Hay que seguir ciñendo este nudo entre fe y política, teniendo en cuenta como ya apuntamos, que cada una es liberadora en sí misma, con sus propias intuiciones y en sus propias dimensiones, seguir ciñendo para  poder ser  HERMANAS/OS Y COMPAÑERAS/OS.

Desde el ser “hermana/o”, compartimos los miedos y los sueños; nos damos ánimo en cada paso, rompemos los prejuicios, nos movilizamos, nos desafiamos, interpelamos; entonces, desde ese lugar de fe, podremos comenzar a exigir, a proponer, a demandar justicia, a resistir, a empoderarnos, a ocupar los espacios de decisión, a hacer política, en definitiva  a comenzar a ser “compañeras/os” y a transcurrir  en nuevas militancias con nuevas místicas.

Hoy, en medios de nuestras complejidades sociales, Camilo Torres nos sigue convocando: “El cristiano, como tal, y si quiere serlo realmente y no sólo de palabra, debe participar activamente en los cambios. La fe pasiva no basta para acercarse a Dios: es imprescindible la caridad. Y la caridad significa, concretamente, vivir el sentimiento de la fraternidad humana. Ese sentimiento se manifiesta hoy en los movimientos revolucionarios de los pueblos, en la necesidad de unir a los países débiles y oprimidos para acabar con la explotación, y en todo eso, nuestra posición está claramente de este lado, y no del lado de los opresores. Por eso a veces, un poco en broma pero también bastante en serio, me pongo intransigente y le digo a mi gente: el cristiano[2] que no es revolucionario y no está con los revolucionarios, está en pecado mortal”[3].

 

 

[1] Palabra que viene el griego y se traduce por "conversión" en el Nuevo Testamento

[2] En el texto original la palabra usada es católico.

[3] Reportaje de Adolfo Gilly. Semanario "Marcha" de Montevideo, 4 de junio de 1965

 

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