De diosas a prostitutas, de prostitutas a monjas y de monjas a...¿? Maria Laura Riba

“De diosas a prostitutas, de prostitutas a monjas y de monjas a… ¿?”

María Laura Riba[1]

Propongo un juego de imaginación. Cerremos los ojos y retrotraigámonos a un tiempo lejanísimo en donde las diosas eran quienes tenían el poder. Imaginemos, ahora, cuánto molestaba eso a los hombres. Imaginemos que esos hombres se organizan para asaltar aquel mundo divino y acabar, de una buena vez, con tanta insensatez femenina. Ahora procuremos imaginar un poco más, y creámonos que existía el periodismo y que, además, era “objetivo”...Entonces, cuando los hombres decidieron revelarse contra las diosas, los representantes del periodismo estaban allí y, como si fuera poco, la comunicación era ágil y rápida, lo que permitió escribir a mis colegas de ese entonces, la siguiente volanta, título y copete de la información:

ÚLTIMA HORA

Golpe de Estado en el Paraíso destituye a diosas

A partir de este momento las diosas quedarán subordinadas a los dioses, cargo instituido por la asociación Machos Desorbitados, nombre dado a la reunión cumbre realizada esta mañana en templo citadino. Las féminas solo ocuparán cargos subalternos en caso de ser necesario y deberán dedicarse al cuidado del hogar y de los hijos. La sexualidad pasará a ser un tema de varones.

Así las cosas, ya sabremos entonces por dónde fue el rol de la mujer -y su lucha- a través de la Historia.

LEYENDO SE APRENDE A DESAPRENDER

Cuando se comienza a leer acerca de la patriarcalización de la Iglesia cristiana, se cae en la cuenta de que, muy probablemente, nunca antes nos habíamos detenido a pensar en ello. Lo que es peor: habíamos asumido con total naturalidad esa supremacía masculina en la formación de la iglesia como institución. O lo que es más serio: nunca antes nos habíamos detenido a pensar en la masculinización de la mujer dentro de una iglesia. Entonces comenzamos a pensar. Y ahí todo puede volverse peligroso.

Así, pensamos, ¿cuántas mujeres no habrán tenido que masculinizarse en aquellos primeros años de la Iglesia si querían subsistir dentro de ella? ¿Por qué no se siguió con el modelo de Jesús que era amplio e inclusivo? Ahí hay un punto: Jesús se rodeaba de aquellas personas que nadie quería, analfabetos, pescadores desobedientes de la ley judía, enfermos y… prostitutas. Y en una época donde la adivinación y la numerología eran parte de la vida cotidiana, ¿por qué no pensar que Jesús se rodeó, además, de mujeres gnósticas que le explicaron sus creencias y a las que, Jesús, a su vez, transmitió las suyas? Pensemos en María Magdalena, mujer que junto a otras mujeres lo vio resucitar…si ella lo vio, no deberíamos descartar la posibilidad de que ella no fuera un ser lejano para Jesús sino, más bien, su fiel seguidora. Incluso antes de Jesús, había mujeres que se ocupaban de acercar a Dios al resto de los mortales comunes y corrientes a quienes no les extrañaba, por ejemplo, que el rey Josías consultara a la profetiza Hulda, Julda o Juldá, solo por mencionar un ejemplo (2 Crónicas, 34 -21,28).

¿Cuándo comenzó a pensarse que las mujeres podían ser un problema para la iglesia? Quizá cuando comenzó su institucionalización y los hombres comprendieron el significado del poder en todas sus aristas, por caso, el poder económico, siempre tan ligado a la Iglesia y que tantas discusiones ha provocado a lo largo de la historia, incluso dentro de su propio seno. Pero antes, mucho antes de que alguien estableciera “este cargo es tuyo o este puesto te toca a ti”, algo que continuó descendiendo en forma vertical como un canto rodado hasta nuestros días, la vida estaba regida por diosas. A nadie se le iba a ocurrir poner en tela de juicio a la diosa Gea, por ejemplo: ningún griego dudaba de su legitimidad, o de este lado del mundo, para los Quechuas y Aimaras, la Pachamama, nuestra madre tierra.

En aquellas lejanas épocas donde Jesús ni había sido atisbado por los designios de las estrellas, los seres humanos vivían en grupos, algunos tenían reglas claras de cierta equidad, en cambio, otros, los nómades, poseían una organización interna cuya autoridad máxima recaía en los hombres. En estos grupos, las mujeres eran consideradas como bienes de propiedad. Como es de suponer, estos últimos grupos fueron los que se impusieron en lugares y épocas distintas. Se los ubica de manera diversificada, aproximadamente entre el 5.000 al 3.000 a.C. en Mesopotamia, China, Egipto y África.

¿Y por qué se impusieron los pueblos nómades sobre las comunidades, aparentemente, más equitativas? Pues los nómades eran, generalmente, guerreros, por lo que les resultó relativamente fácil invadir a las comunidades más asentadas en una cierta armonía. Podemos presuponer que el uso de armas -las que existieran en esos momentos- tuvo que ver con el triunfo de estos pueblos sobre los más tranquilos. No obstante, al seguir indagando, se sabe que, además, los sometieron a través de la violación masiva de sacerdotisas y mujeres en general.

Es entonces cuando comenzaron a aparecer dioses masculinos: había que afirmar en lo divino lo que los hombres habían conseguido, por la fuerza, en la tierra. De esta manera, las deidades femeninas quedaron subordinadas a los dioses. Esta misma relación de subordinación diosa-dios se trasladó al plano de la vida cotidiana en la Tierra. De este modo, cuando la mujer pasó a estar, económicamente hablando, por debajo del hombre, también lo estuvo sexualmente, aun cuando las mujeres conservaran un aparente prestigio debido a que eran, todavía, consideradas mediadoras entre los dioses y los humanos; ese “prestigio” estuvo reservado a las sacerdotisas, videntes y curanderas, lo habitual en una sociedad llamada pagana.

Una pregunta que podríamos hacernos, considerando el contexto socio-histórico de la época: ¿Cuánto de temor al futuro, de temor a esos dioses que tenían, supuestamente, conexión con ciertas mujeres, no habrá influenciado en los varones como para que ellos consideraran “prestigiosas” solo a algunas de ellas? ¿Cuánto temor a algún hechizo de estas damas no habrá influenciado para que esos varones les otorgaran un lugar diferenciado? Con la llegada de las monarquías, las diosas fueron destinadas al olvido y, como dijéramos anteriormente, la sexualidad también quedó subordinada al hombre.

Pasado el tiempo en la Historia y luego de la muerte de Jesús, el cristianismo histórico, en su modelo greco-romano, se consolidó en la segunda mitad del siglo II y se fue imponiendo a lo largo del siglo III, dividiendo a los creyentes en dos grupos:
el Clero y el Pueblo. A partir de allí fue mucho más fácil organizar la iglesia y darle forma de institución; organización que se daba en el contexto de un imperio que los perseguía. Por un lado estaba Roma con su sistema religioso y político, y por otro, los cristianos contrarios a todas las leyes imperiales. No obstante, con el pasar de los años, ¿estaríamos muy equivocados si apuntáramos que los cristianos, una vez fortalecidos, asumieron valores propios del imperio que criticaban? Basta ver las actitudes de los obispos: por un lado, fervientes seguidores de Jesús; por otro, se organizaron según la manera tradicional: no escaparon del sistema.

Muchos cristianos de la tercera generación patriarcalizaron las funciones de la iglesia: solamente un varón, padre de familia, podía ser ministro de la iglesia. Pasado un tiempo, los hombres ya no eran tan buenos si eran padres de familia, entonces pasaron a ser aptos para las funciones de la iglesia, solo los "célibes": debían ser guías espirituales alejados de la impureza de las relaciones sexuales. De esa forma, los nuevos sacerdotes célibes han alzarse sobre el pueblo como una "clase" jerárquica, sin conexiones genealógicas o familiares que impidieran su tarea al servicio de la Iglesia como institución.

La Iglesia, con una autoridad monopolizada por varones, aún hoy sigue presentándose como una entidad rectora de la moral. Solo por dar un ejemplo de poder económico dentro de la masculina Iglesia, más precisamente la católica: ¿Quiénes siempre fueron las autoridades del Banco Ambrosiano? Pues, nada más ni nada menos que hombres. Esos mismos hombres que lo llevaron a la quiebra en 1982 con feroces actos de corrupción ligados a la mafia, algo que, como es de suponer, rozó hasta al propio Vaticano.

Una de las legislaciones que fue creada para legitimar el poder de los hombres sobre las mujeres, fue la Ley del Velo, creada alrededor del año 1500 a.C. Apareció en Babilonia, y de manera escrita, en Asiria. Se trata de la ley más antigua conocida sobre el velo femenino. Según esta ley, debían usar velo aquellas mujeres que le servían sexualmente a un solo hombre con fines de procreación y se las llamó “mujeres respetables”, a quienes se les exigía la virginidad, fidelidad y maternidad.

De regreso al cristianismo y a su patriarcalización, diremos que en el Nuevo Testamento se hace referencia a varios símbolos que tienen significados espirituales: en la oración y en el profetizar, el varón no debía cubrirse la cabeza. La cabeza descubierta del hombre simboliza la autoridad que Dios le ha dado sobre todas las cosas. La cabeza descubierta y el cabello bien cortado manifiestan que el hombre cristiano está dispuesto a aceptar sus responsabilidades en la iglesia. Pero, ¿qué ocurre con la “cabeza de la mujer”? La mujer que ora y profetiza debe reconocer la autoridad del hombre, por eso debía cubrirse la cabeza con un velo. Cuando la mujer cubre su cabeza muestra que se sujeta al hombre y que está en armonía con Dios. Esto le da a ella autoridad para orar y profetizar, profetizar que no incluye enseñar a los hombres ni ejercer autoridad en la congregación (1 Corintios 14, 34- 35).

Hasta el Concilio Vaticano II, la mujer solía cubrirse la cabeza con un velo al entrar a una iglesia. Esta tradición sigue en vigor en las iglesias ortodoxas y también en algunas iglesias protestantes o evangélicas de carácter conservador.

Muy fuerte ha de ser el rastro femenino en la Historia y el poder para la renovación que posee la mujer, como para que esa Historia escrita por hombres haya ninguneado la figura femenina de los grandes acontecimientos. Y pensar que la especie humana ha dejado sus huellas a través de huesos… ¡Y los más antiguos corresponden a una mujer! Se trata de los huesos de Lucy, una niña africana, más precisamente encontrados en Etiopía, que datan de alrededor de 3.3 millones de años, cuya clasificación es: Australopitecus Afarensis.

Esta niña africana… ¿habrá sido una diosa derribada que quedó atrapada en la Tierra? Si fuera así…pobre Lucy.

 

[1] Periodista Argentina. Estudiante de 4 Año del Instituto Superior Ecuménico de Ciencias de las Religiones – La Habana.

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