Violencias ¿invisibles?

La importancia de percibir modalidades no evidentes de violencia.

Dra. Ivon Ernand Thames

Dentro de la amplia gama de las manifestaciones de la violencia de género, resulta importante reconocer algunas que, por estar incorporadas a los aprendizajes de hombres y de mujeres y formar parte de la vida cotidiana, se  muestran como “conductas normales, propias de las relaciones de pareja”.  Algunos estudiosos del tema las denominan “micromachismos,  microviolencias”,  sin embargo, no por ser “micros” o poco percibidas,  resultan menos dañinas.

Se muestran como pequeños actos de control,  de abusos de poder imperceptibles graduales, progresivos; constituyen estrategias de dominio, que sin ser muy notables al inicio, restringen y violentan insidiosa y reiteradamente el poder personal, la autonomía y el equilibrio psíquico de las mujeres.

 Tienen como objetivo:

  • Mantener el dominio y la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer objeto de la maniobra.
  • Reafirmar o recuperar dicho dominio ante una mujer que se “rebela” o protesta.
  • Resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de una mujer con la que se vincula, o aprovecharse de dichos poderes. Estos comportamientos son “microabusos” y son efectivos porque el orden social imperante los confirma, los normaliza, porque se ejercen reiteradamente hasta llevar a una disminución de la libertad de las mujeres y porque son tan sutiles que pasan inadvertidos para quien los padece y para quien los observa.

Algunos ejemplos:

  • Intimidarla, interrumpirla, no escucharla, no responderle o manipular sus palabras.
  • Descalificaciones, descréditos,  negación de lo positivo, minusvalizar sus valores.
  • Aumentar el control sobre las actividades, tiempos o espacios de la mujer en nombre del amor o de su preocupación por ella.
  • Manipulación emocional mediante la culpa y la laceración de su autoestima.
  • Control del dinero.
  • No participar en tareas domésticas o asumir que solo tiene que “ayudar”
  • Imposición de intimidad independientemente de los deseos o necesidades de la mujer
  • No tener en cuenta las decisiones de la mujer en situaciones que la involucran
  • Aumentar el control sobre las actividades, tiempos o espacios de la mujer
  • Abuso de la disponibilidad incondicional del cumplimiento de los roles tradicionales de la mujer: madre, esposa, abuela, asistenta, secretaria, cuidadora, etc, asumiendo que son propias y adecuadas para la mujer.
  • Falta de reconocimiento hacia la mujer como persona y de sus necesidades, valores, aportes y derechos.
  • Manipulación de la comunicación: Autoritaria, defensiva – ofensiva, ambivalente, centrada en la conveniencia del hombre.
  • Enmascara la posesividad y el autoritarismo sobre la mujer con conductas paternalistas y sobreprotectoras.

 

Existen otros muchos que se han hecho cotidianos, naturales, lo que hace difícil su identificación y por tanto, la posibilidad de combatirlos.

 

Efectos de las microviolencias sobre la salud de la mujer:

 

Estos efectos suelen ser  comunes, aunque pueden tener diferentes grados de manifestación en cada mujer.

 

  •  Afectación de la claridad mental, con disminución de la seguridad, la capacidad crítica, el pensamiento y la acción eficaces, la protesta válida y la búsqueda de alternativas.
  •   Percepción de incapacidad o ineficacia para defender lo propio, con sentimientos de impotencia, desamparo o dependencia extrema.
  •   Fatiga mantenida por forzamiento de su disponibilidad, con sobreesfuerzo psicológico y físico y agotamiento de las reservas emocionales y de la energía para sí y para el desarrollo de los propios intereses vitales.
  •   Deterioro de la autoestima, con aumento del desánimo, desesperación e inseguridad y disminución de la autocredibilidad.
  •   Sentimientos de atrapamiento y de imposibilidad de hacer otra cosa, con disminución, retroceso o parálisis del poder y del desarrollo personal, limitación de su libertad y aumento de actitudes defensivas, de queja ineficaz y de sentimientos de indefensión.
  •   Malestar difuso, irritabilidad crónica y sensación de deterioro de la relación, del que se culpan por no percibir “los motivos” (las microviolencias continuadas que no perciben).
  •   Toda esta sintomatología genera un estado de ánimo depresivo, angustia e irritabilidad progresivos que aumentan los sentimientos de culpa, la resignación y el agotamiento de las capacidades de resistencia y afrontamiento.

 

 

 

Las mujeres que han aprendido a percibir y comprender las manipulaciones machistas, están en mejores condiciones de:

  • Conocer las sutiles actitudes masculinas para conservar el poder, los derechos cotidianos y oponerse al cambio femenino.
  • Reconocer el lenguaje de manipulación y cuestionar la creencia de que solo las féminas son manipuladoras.
  • Legitimar la percepción de los comportamientos que ellas sufren y que los varones no reconocen.
  • Aprender a desenmascarar estos sutiles comportamientos para poderlos afrontar.
  • No culpabilizarse por estas maniobras.

 

 

Información necesaria a las mujeres:

 

  • Importancia de identificar las microviolencias y su percepción de la violencia.
  • Los hechos violentos tienen una alta posibilidad de repetirse.
  • La gravedad de la agresión puede intensificarse.
  • El tiempo que media entre la ocurrencia de malos tratos puede disminuir, aumentando la frecuencia de incidentes violentos y, con esto, los riegos para su integridad física y psicológica, pudiendo llegar, incluso, a peligrar su vida.
  • La violencia puede tener serias repercusiones sobre su salud integral, la de sus hijos y familiares.

Richard Marrero Márquez

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